Domingo: Apágate maldito cerebro!
Caminaba sin pensar, sin sentido, sin dirección. O eso pensaba sin pensar. mmmmm. En realidad mi cerebro estaba inquieto. Miré a la niña esa, y él pensó: ºººº(que bueno que queden niñas Gertrudis, que looooco)
Y yo de repente me di cuenta hacia donde caminaba, que hora era, que día era, y que mi cerebro y yo a veces somos dos personas distintas.
La vuelta fue mucho más rápida, no deshice los nudos que había trazado con mis pies en el mapa de mi barrio, sino que me fui derechito derechito a ningún lugar.




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