tendría 9 años, era 1990, priemros días de enero. la arena del piso parecía moverse, en realidad se movían sus pies. arrastrado por la fuerte corriente de un pozo. sus brazos se movían como remos, pero aún así no lograba frenar el arrastre. ya no hacía pie, pero todavía tenía energías, y nadaba y nadaba...
pero cada vez estaba más lejos de la orilla. miró por ultima vez la costa ya lejana y entendió que no podría volver. se sentía ya cansado y casi ni podía mover los brazos. sus piernas todavía lo mantenían a flote. el cansancio era cada vez mayor. empezó a utilizar los brazos una vez más, no se iba a entregar tan fácil. pero ya no los sentía. se sentía muy pesado. estaba tragando mucha agua salada. como si el mar lo fuese conquistando por dentro. de a poco. era el fin. de repente se tranquilizó. miró el cielo. el sol le pagaba en la cara. se mantenía a flote con los brazos abiertos y apenás media cara sobre la superficie. mirando hacia arriba. relajado. no había por que tener miedo entendió. o le hicieron entender. se tranquilizó y sonrió mirando hacia arriba. sólo debía esperar. estaba muriendo y ya no era algo malo. se iluminó. se desmayó.
un pellizcón lo vuelve en sí. una persona lo tiene agarrado en sus brazos y espera junto a él. subiendo y bajando con el oleaje. descansando. manteniéndolo a flote. llegan 3 personas más entre las olas. pronto todos están abrazados.
estamos abrazados. me cargan por turnos y me mantienen despierto. de a poco logramos llegar a la costa.
la gente no deja de mirarme. de aplaudir. de gritar. me asustan, más que el mar. quiero llorar pero me da verguenza. me apoyan en la arena. me paro. me caigo. me siento muy nervioso y cansado. unos ojos me miran. ojos negros de una joven morocha de pelo ondulado. ella no aplaudía y me miraba tranquila. como fuera de las demás personas. no se si tenía ropa de playa o que (nunca lo recordé). me tranquilizó. sentía que me hablaba. la gente se esfumó en mi mente y ahora estaba relajado, hipnotizado, viéndola.
de repente llegó mi viejo desesperado y me levantó y me estrujó y me sacó de mi estado.
corro mi cabeza por su cuello y trato de buscarla a ella nuevamente. cara a cara la busco. pero no. no estaba más. nunca más la vi. la olvidé. y la recordé recién muchos años más tarde. es difícil de explicar con palabras. pero ella era un angel. mi angel.
ya sentando en una reposera vomité enormes cantidades de agua salada. y recibí mimos y atenciones de todo el mundo. pero yo sólo quería estar solo. y todos me decían que yo era muy fuerte, que menos mal que sabía nadar, que como habré hecho para aguantar tanto tiempo mar adentro, que la pelié y no me dejé morir. me lo decían a mi o lo decían entre ellos.
el escucharlo me hacía recordar la verdad. yo ya no había luchado más. dios me mostró la muerte y me calmó.
estaba vivo gracias a otros. 2 surfers que jugaban al voley en ese momento en la costa y 2 guardavidas que se sumaron. entre los 4 lograron mantenerme/se en flote en un mar muy difícil.
y también gracias a una joven mujer que desapareció. estoy seguro que ella tuvo que ver. tal vez desobedeció a dios y yo viví.
esto último no es seguro, pero me gusta pensarlo así.