Manuela
Manuela era la tercer hija del matrimonio, la menor junto a su hermana melliza, hasta que llegó la quinta hija.
Las cinco hijas eran parecidas, aunque muy distintas también. Manuela era especial, al menos lo era para mi.
Siempre se reí sola, disfrutando la magia de sus pensamientos. Pícara jugaba a escondidas de dus padres y sus hermanas. Era traviesa, y se lastimaba mucho pero no era llorona como el resto. Siempre tenía las rodillas con cascaritas.
Era un poco más tímida que sus hermanas, pero más valiente también. Al menos tenía conductas que a mi me llenaban de asombro e intriga. Parecía tan distinta a las demás compañeras, como si ella estuviese viviendo otra realidad.
Un a vez en el recreo la miré a ella y vi que estaba observando al resto. Pasó como 15 minutos así y nadie lo notaba. Me llamó mucho la atención como iba mirando a distintos grupitos o peronas, curiosa por lo que hacían, y las expresiones que le provocaban en su rostro.
Un observadora observada.
La miré y me sonreí. Empezaba a amar a Manuela.
Manuela y yo fuimos creciendo en la misma escuela y nos convertimos en compañeros en el secundario. Pero era un curso muy amplio y no nos hablábamos. Yo estaba en un grupo de amigos que nos llevábamos con las chicas de otra división. Con las de nuestro curso ni hablábamos, de hecho eran del grupo de los populares. Y Manuela estaba aparte con otros. Siempre estaba aparte.
Sus hermanas para esta altura tenían mucha fama en el colegio. Simplemente fama. Para los varones salir con una de las hermanas era tocar el cielo con las manos. Y ellas parecían inalcanzables por un lado, pulcras y adoradas, aunque por otro lado cambiaban de novios con las misma frecuencia que de peinados. Pero su imagen se mantenía.
Manuela era distinta, para casi todos pasaba desapercibida. Casi todos. En las materias le iba bien, pero no resaltaba. No se portaba mal, pero tampoco era muy aplicada. De hecho alguna que otra vez discutía con los profesores. Sabía que ella era de salir pero no sabía bien con quienes, ya que no pertenecía a los grupitos de los "populares". Alguna vez la vi en una fiesta, pero siempre estaba o con algún chico un poco más grande, o con alguna amiga de otro lado. Si no iba a recitales o a otros lugares.
Las hermanas en cambio iban siempre al boliche de moda. Las previas en su casa eran el evento más exclusivo al que algún pibe de la escuela pudiera ir. Yo nunca fui.
Una noche estaba yo en una esquina, esperando a unos amigos que no llegaban. Me puse a mirar a los grupitos que estaban reunidos alrededor. Todos los colegios tienen sus grupitos "populares", al menos se distinguían bien los roles que cada uno cumplía. Que boludos me resultaban, pero igualmente me intrigaban. De hecho siempre los observaba y ya sabía todo sobre ellos.
Después de un rato empecé a sentirme incómodo por la espera, ¿me estarían mirando como me dejaron colgado?
Y si, ahí estaba ella. Manuela me miraba riéndose para sus adentros, me había estado observando un rato largo, y se ve que algo de la situación le dio gracia.
Yo me puse colorado en cuanto hice contacto visual, y miré para un costado.
Al instante la busqúe devuelta con los ojos, pera yo no me miraba más.
Mucho tiempo me quedé pensando en ese instante. Ella mirándome fijo a los ojos, sonriéndose, con toda su atención puesta en mi. ¿Qué pensaría?
Hace unos meses fui a una reunión de egresados. Aniversario de que terminamos el secundario. Mi ilusión era volver a verla. ¿Tendrá novio? ¿Se habrá casado?
Manuela no fue. Me contaron que estaba viviendo en Italia.
Hace una semana me agregó al Facebook. La verdad que no lo podía creer yo. De hecho la había buscado un par de veces pero no estaba.
No la ubiqué online, pero anteayer me respondió a mi mensaje de saludo con un: "necesito verte".



